Los fríos de invierno, esos que se cuelan en los huesos. Más de 5 mangas debajo de mi gran abrigo, el viento que hace que mi pelo se despeine después de haber estado horas para peinarlo. Le doy una vuelta más a mi chalina, y meto mis manos en los bolsillos; tendría que haberme puesto guantes, o no salir en un día como este.
Tenía las mejillas frías y la nariz colorada, una característica muy mía. Cruzaba la avenida una vez más, el camino ya me lo conocía de memoria, la gente abriendo sus negocios.
Parecía de noche, el sol todavía no resplandecía en el cielo, y las luces de la calle todavía estaban encendidas. Los autos no era tantos, pero ya estaba empezando a despertarse la ciudad. Los árboles se movían de un lado al otro por causa del viento fuerte que corría.
Dos cuadras más y llegaba a ese lugar que ya conocía tan bien, ya 10 años trabajando en aquella biblioteca, yo sabía que iba a terminar viviendo entre los libros, como siempre me ha gustado.
Crucé la esquina, media cuadra y abrí la puerta rápidamente, ya estaban mis queridas compañeras. El calor del calefactor chocó con mi cara de golpe, y eso hizo que tuviera un pequeño escalofrío, me dirigí a nuestra pequeña oficina, me saqué la chalina y el abrigo y los deje en el perchero.
-¿Qué tal chicas? -las saludé a mis compañeras de trabajo.
-Bien, ¿Un mate? -me preguntó Carla, mientras me extendía el mate ya servido, yo lo acepte con gusto y fui tomando de apoco mientras tomaba unas galletitas de agua. Ellas comenzaron a hablar de los chismes del fin de semana, de las salidas, de sus novios y también de política. Es cierto eso de que las mujeres pueden mantener más de 6 conversaciones a la vez; eso quiere decir que yo soy un bicho raro, pues no seguía nada de lo que decían.
-Y vos Lu, ¿qué decís? ¿Hiciste algo? -preguntó María sacándome de mi burbuja personal, yo solo negué con la cabeza. Y me metí una galletita a la boca.
-Leí un libro nuevo -dije una vez que había terminado de tragar y me pasaban otro mate. Las 4 negaron con la cabeza... ¿cuál era la necesidad de meterse en mi vida?
-Lu, deja de sumergirte en los libros. Tenes que empezar a salir, hacer algo. -dijo Florencia, yo la mire y asentí.
-Si ya sé, pero cuando no hay buenas opciones, mi mejor compañía son los libros -dije sonriente.
Era la verdad. Siendo sincera yo no me quejaba para nada de mi vida, me sentía bien así, con mis libros siempre cerca y aumentando día a día mi conocimiento. Teniendo 28 años ya tenía un departamento propio y un trabajo estable, 4 amigas si se puede decir y una licenciatura en letras. ¿Qué más podía pedir?
Desde siempre supe, que Luciana Giardina viviría para los libros. Aprendí a leer a los 5 y una vez que termine todo los cuentos infantiles, comencé a leer novelas. Mis favoritas desde niña y adolescente, inclusive ahora, son las de Isabel Allende. Mi madre era actriz, siempre se dedicó al teatro, a pesar de no tener demasiado trabajo ni ser muy reconocida y mi padre, bueno mi padre era medico y él fue quien me inculco esto de los libros, siempre me compraba lo que le pedía, por eso su perdida fue demasiado para mi; cuando él murió yo me encerré, literalmente, en mi mundo y leía y leía sin hacer más que eso.
-Trajeron el pedido de libros que hicimos la semana pasada -me comentó Agustina, yo las mire y salí de la oficina para dirigirme a ordenar los libros, de paso para fichar alguno, a ver cual era interesante.
Y así comencé con mi trabajo, poniendo uno por uno, los libros en los estantes.
Luego de media hora, terminé con el trabajo y me dirigí de nuevo a la oficina. Puse la pava en el fuego, y abrí un nuevo paquete de galletitas, las chicas se habían ido al deposito y yo no tenía nada interesante para hacer, estaba todo en silencio y muy tranquilo.
Me senté frete a la vieja computadora que se hallaba ahí, la encendí... comenzó a hacer un fuerte ruido, debo admitir que a mi las computadoras no me gustan mucho, pero quería ver que había de interesante en esa caja inanimada y complicada.
Cuando termino de cargarse abrí el internet, mis compañeras me habían comentado de unos blogs donde la gente escribía sus obras literarias. Siempre me ha parecido una estupidez. ¿Cómo pueden reemplazar el placer de sentarse a disfrutar un libro, con todo esto digital?
Puse en el buscador de Google "Blogs literarios" me saltaron muchas cosas, y no sabía que elegir. Nada me convencía, ninguna descripción. Hasta que el nombre de un solo blog me llamo la atención completamente "Amar la literatura por sobre todas las cosas". Me sentí muy identificada con aquel título así hice doble click y entre. Eran cuentos, relatos y reflexiones. Él escritor se escondía bajo el apodo de "Kraken" una criatura mística.
Me dediqué una hora entera en leer muchas de sus obras literarias, y de paso quise averiguar más de él, me interesaba, pues sus palabras y sus escritos era espectaculares; pero no sabía como hacerlo, esto de internet no se me daba muy bien.
-¿Qué haces Lu? -me sorprendió Agus, me sobresalté y me di media vuelta para mirarla. Me lleve la mano al pecho, me había asustado.
-Nada, estaba leyendo unas cosas acá... pero, no sé como se hace una cosa -le dije, un poco avergonzada de no saber como utilizar la computadora.
-¿Qué cosa? -dijo mientras se sentaba a mi lado.
-Quiero saber como se llama este escritor, y saber de él -dije mientras señalaba la página abierta
-Ah, el blog... para, hace esto.- Comenzó a usar rápidamente el mause buscando no sé que cosa. -Acá, en perfil, vas a ver todo de él -apretó allí y se abrió una nueva página.
-Gracias -le dije
-De nada , las voy a ayudar a las chicas -dijo para luego retirarse.
Comencé a leer, y tome una birome y un papel para anotar todo lo que pudiese ser importante para conocerlo mejor.
Se llamaba Gonzalo Rolini, tenía 30 años y era profesor de Lengua en una escuela secundaria de Buenos Aires, su libros favoritos eran: "Patas para arriba" de Galeano, "Crónicas del Ángel Gris" de Dolina y "Memorias de Idhun" de Laura Gallego. Tenía 3 libros de cuentos publicados, pero solo se podían comprar por internet. Obviamente lo iba a hacer.
-Hola, ¿hay alguien? -gritaron desde afuera, un cliente. Fui corriendo a atenderlo y me puse detrás del mostrador.
-Disculpa, ¿qué necesita? -pregunté algo agitada
-Si, libros de mitología griega -dijo, yo lo guié hacía uno de los estantes donde se encontraban todo tipos de libros.
-Aquí, elija el que quiera -dije para luego volver detrás del mostrador y leer una vez más lo que había escrito de aquel hombre.
Ya había comprado sus 3 libros publicados, me había hecho un blog solo para poder comunicarme con él y me pasaba leyendo sus nuevas publicaciones. Me estaba volviendo adicta a este ser tan impresionante que día a día me iba cautivando un poco más.
Mis compañeras me notaban ya muy extraña, pero yo negaba todo lo que preguntaban.
Mi amor hacía este escritor perfecto debía ser secreto y quedarse ahí guardado en mi.
Soñaba todas las noches con él, tenía fotografías en cajas y miles de cosas más. Por primera vez en mi vida alguien había sabido cautivarme y logró que cualquier cosa que creyera importante ahora a su lado sea insignificante. Aunque Gonzalo no supiera mis sentimientos más profundos, sé que algún día iba a saberlo y en un futuro podremos compartir tardes y noches leyendo y hablando sobre nuestra pasión en común.
-Lu, en serio, no te gastes la plata en eso -volvían a repetirme otra vez mis compañeras.
-¿Cómo no hacerlo? Quiero ir a Buenos Aires, debo estar presente en esa charla que va a dar, es un gran escritor -volví a repetirles por décima vez. Me había enterado que iba a dar una charla en un café literario de Buenos Aires y debía aprovechar aquella oportunidad. Esta tarde saldría un colectivo para Capital, y allí vería a mi amor. Mi oportunidad había llegado, después de esconderme tanto tiempo detrás de una computadora, por primera vez iba a darme a conocer.
-Chau chicas -dije mientras despedía con la mano a mis queridas amigas y me subía al colectivo, en busca de mi destino.
Y allí estaba, escuchándolo hablar, viéndolo cara a cara; tan perfecto, más de lo que había imaginado. Su voz gruesa y seductora me hacía estremecer, sus ojos color café me transmitían paz. Sus palabras, tranquilidad.
Ya quería ir a sus brazos y contarle todo lo que he sentido lo últimos meses. Ese sueño que tengo todas las noches, con niños iguales a él. Un amor sin fin, por siempre, como en sus cuentos fantásticos.
Se acercaba el final de la charla y llegó el momento de los agradecimientos.
-Agradezco a mi hermano, por ayudarme a llegar hasta aquí; a mi cuñada porque me ayudo a publicar mis libros, y alguien muy importante para mi que me ayudo a seguir en ese camino, y en la realidad del día a día. -mis ojos comenzaron a brillar, mi corazón se comenzó a acelerar, me estaba por levantar de la silla, estaba saltando de alegría. -A mi amor, -otra vez más, ya falta poco -a mi querida mujer, y compañera de vida Alejandra -dijo una vez que una mujer alta, morocha y pelo negro subía los 3 escalones para quedar a su lado y darle un pequeño beso en los labios.
Y otra vez la vida me dio un golpe, me choqué contra la pared. Todo eso que había construido en mi mente de había derrumbado. Otra vez.
Y allí estaba yo, en mi biblioteca. Esa de la que nunca tendría que haber salido, con mis libros y mis fantasías encerrada en mi mundo. Con mi amor, con Gonzalo, leyendo los libros y hablando de literatura. Nadie se atrevía a meterse en este lugar, lleno de felicidad. No de tristeza, mágico y lleno de amor y literatura. Lo que siempre quise.
-Que gran libro -le hablaba otra vez a la silla vacía de mi lado, donde para mi se encontraba él, único ser capaz de robar mi corazón.
Tenía las mejillas frías y la nariz colorada, una característica muy mía. Cruzaba la avenida una vez más, el camino ya me lo conocía de memoria, la gente abriendo sus negocios.
Parecía de noche, el sol todavía no resplandecía en el cielo, y las luces de la calle todavía estaban encendidas. Los autos no era tantos, pero ya estaba empezando a despertarse la ciudad. Los árboles se movían de un lado al otro por causa del viento fuerte que corría.
Dos cuadras más y llegaba a ese lugar que ya conocía tan bien, ya 10 años trabajando en aquella biblioteca, yo sabía que iba a terminar viviendo entre los libros, como siempre me ha gustado.
Crucé la esquina, media cuadra y abrí la puerta rápidamente, ya estaban mis queridas compañeras. El calor del calefactor chocó con mi cara de golpe, y eso hizo que tuviera un pequeño escalofrío, me dirigí a nuestra pequeña oficina, me saqué la chalina y el abrigo y los deje en el perchero.
-¿Qué tal chicas? -las saludé a mis compañeras de trabajo.
-Bien, ¿Un mate? -me preguntó Carla, mientras me extendía el mate ya servido, yo lo acepte con gusto y fui tomando de apoco mientras tomaba unas galletitas de agua. Ellas comenzaron a hablar de los chismes del fin de semana, de las salidas, de sus novios y también de política. Es cierto eso de que las mujeres pueden mantener más de 6 conversaciones a la vez; eso quiere decir que yo soy un bicho raro, pues no seguía nada de lo que decían.
-Y vos Lu, ¿qué decís? ¿Hiciste algo? -preguntó María sacándome de mi burbuja personal, yo solo negué con la cabeza. Y me metí una galletita a la boca.
-Leí un libro nuevo -dije una vez que había terminado de tragar y me pasaban otro mate. Las 4 negaron con la cabeza... ¿cuál era la necesidad de meterse en mi vida?
-Lu, deja de sumergirte en los libros. Tenes que empezar a salir, hacer algo. -dijo Florencia, yo la mire y asentí.
-Si ya sé, pero cuando no hay buenas opciones, mi mejor compañía son los libros -dije sonriente.
Era la verdad. Siendo sincera yo no me quejaba para nada de mi vida, me sentía bien así, con mis libros siempre cerca y aumentando día a día mi conocimiento. Teniendo 28 años ya tenía un departamento propio y un trabajo estable, 4 amigas si se puede decir y una licenciatura en letras. ¿Qué más podía pedir?
Desde siempre supe, que Luciana Giardina viviría para los libros. Aprendí a leer a los 5 y una vez que termine todo los cuentos infantiles, comencé a leer novelas. Mis favoritas desde niña y adolescente, inclusive ahora, son las de Isabel Allende. Mi madre era actriz, siempre se dedicó al teatro, a pesar de no tener demasiado trabajo ni ser muy reconocida y mi padre, bueno mi padre era medico y él fue quien me inculco esto de los libros, siempre me compraba lo que le pedía, por eso su perdida fue demasiado para mi; cuando él murió yo me encerré, literalmente, en mi mundo y leía y leía sin hacer más que eso.
-Trajeron el pedido de libros que hicimos la semana pasada -me comentó Agustina, yo las mire y salí de la oficina para dirigirme a ordenar los libros, de paso para fichar alguno, a ver cual era interesante.
Y así comencé con mi trabajo, poniendo uno por uno, los libros en los estantes.
Luego de media hora, terminé con el trabajo y me dirigí de nuevo a la oficina. Puse la pava en el fuego, y abrí un nuevo paquete de galletitas, las chicas se habían ido al deposito y yo no tenía nada interesante para hacer, estaba todo en silencio y muy tranquilo.
Me senté frete a la vieja computadora que se hallaba ahí, la encendí... comenzó a hacer un fuerte ruido, debo admitir que a mi las computadoras no me gustan mucho, pero quería ver que había de interesante en esa caja inanimada y complicada.
Cuando termino de cargarse abrí el internet, mis compañeras me habían comentado de unos blogs donde la gente escribía sus obras literarias. Siempre me ha parecido una estupidez. ¿Cómo pueden reemplazar el placer de sentarse a disfrutar un libro, con todo esto digital?
Puse en el buscador de Google "Blogs literarios" me saltaron muchas cosas, y no sabía que elegir. Nada me convencía, ninguna descripción. Hasta que el nombre de un solo blog me llamo la atención completamente "Amar la literatura por sobre todas las cosas". Me sentí muy identificada con aquel título así hice doble click y entre. Eran cuentos, relatos y reflexiones. Él escritor se escondía bajo el apodo de "Kraken" una criatura mística.
Me dediqué una hora entera en leer muchas de sus obras literarias, y de paso quise averiguar más de él, me interesaba, pues sus palabras y sus escritos era espectaculares; pero no sabía como hacerlo, esto de internet no se me daba muy bien.
-¿Qué haces Lu? -me sorprendió Agus, me sobresalté y me di media vuelta para mirarla. Me lleve la mano al pecho, me había asustado.
-Nada, estaba leyendo unas cosas acá... pero, no sé como se hace una cosa -le dije, un poco avergonzada de no saber como utilizar la computadora.
-¿Qué cosa? -dijo mientras se sentaba a mi lado.
-Quiero saber como se llama este escritor, y saber de él -dije mientras señalaba la página abierta
-Ah, el blog... para, hace esto.- Comenzó a usar rápidamente el mause buscando no sé que cosa. -Acá, en perfil, vas a ver todo de él -apretó allí y se abrió una nueva página.
-Gracias -le dije
-De nada , las voy a ayudar a las chicas -dijo para luego retirarse.
Comencé a leer, y tome una birome y un papel para anotar todo lo que pudiese ser importante para conocerlo mejor.
Se llamaba Gonzalo Rolini, tenía 30 años y era profesor de Lengua en una escuela secundaria de Buenos Aires, su libros favoritos eran: "Patas para arriba" de Galeano, "Crónicas del Ángel Gris" de Dolina y "Memorias de Idhun" de Laura Gallego. Tenía 3 libros de cuentos publicados, pero solo se podían comprar por internet. Obviamente lo iba a hacer.
-Hola, ¿hay alguien? -gritaron desde afuera, un cliente. Fui corriendo a atenderlo y me puse detrás del mostrador.
-Disculpa, ¿qué necesita? -pregunté algo agitada
-Si, libros de mitología griega -dijo, yo lo guié hacía uno de los estantes donde se encontraban todo tipos de libros.
-Aquí, elija el que quiera -dije para luego volver detrás del mostrador y leer una vez más lo que había escrito de aquel hombre.
Ya había comprado sus 3 libros publicados, me había hecho un blog solo para poder comunicarme con él y me pasaba leyendo sus nuevas publicaciones. Me estaba volviendo adicta a este ser tan impresionante que día a día me iba cautivando un poco más.
Mis compañeras me notaban ya muy extraña, pero yo negaba todo lo que preguntaban.
Mi amor hacía este escritor perfecto debía ser secreto y quedarse ahí guardado en mi.
Soñaba todas las noches con él, tenía fotografías en cajas y miles de cosas más. Por primera vez en mi vida alguien había sabido cautivarme y logró que cualquier cosa que creyera importante ahora a su lado sea insignificante. Aunque Gonzalo no supiera mis sentimientos más profundos, sé que algún día iba a saberlo y en un futuro podremos compartir tardes y noches leyendo y hablando sobre nuestra pasión en común.
-Lu, en serio, no te gastes la plata en eso -volvían a repetirme otra vez mis compañeras.
-¿Cómo no hacerlo? Quiero ir a Buenos Aires, debo estar presente en esa charla que va a dar, es un gran escritor -volví a repetirles por décima vez. Me había enterado que iba a dar una charla en un café literario de Buenos Aires y debía aprovechar aquella oportunidad. Esta tarde saldría un colectivo para Capital, y allí vería a mi amor. Mi oportunidad había llegado, después de esconderme tanto tiempo detrás de una computadora, por primera vez iba a darme a conocer.
-Chau chicas -dije mientras despedía con la mano a mis queridas amigas y me subía al colectivo, en busca de mi destino.
Y allí estaba, escuchándolo hablar, viéndolo cara a cara; tan perfecto, más de lo que había imaginado. Su voz gruesa y seductora me hacía estremecer, sus ojos color café me transmitían paz. Sus palabras, tranquilidad.
Ya quería ir a sus brazos y contarle todo lo que he sentido lo últimos meses. Ese sueño que tengo todas las noches, con niños iguales a él. Un amor sin fin, por siempre, como en sus cuentos fantásticos.
Se acercaba el final de la charla y llegó el momento de los agradecimientos.
-Agradezco a mi hermano, por ayudarme a llegar hasta aquí; a mi cuñada porque me ayudo a publicar mis libros, y alguien muy importante para mi que me ayudo a seguir en ese camino, y en la realidad del día a día. -mis ojos comenzaron a brillar, mi corazón se comenzó a acelerar, me estaba por levantar de la silla, estaba saltando de alegría. -A mi amor, -otra vez más, ya falta poco -a mi querida mujer, y compañera de vida Alejandra -dijo una vez que una mujer alta, morocha y pelo negro subía los 3 escalones para quedar a su lado y darle un pequeño beso en los labios.
Y otra vez la vida me dio un golpe, me choqué contra la pared. Todo eso que había construido en mi mente de había derrumbado. Otra vez.
Y allí estaba yo, en mi biblioteca. Esa de la que nunca tendría que haber salido, con mis libros y mis fantasías encerrada en mi mundo. Con mi amor, con Gonzalo, leyendo los libros y hablando de literatura. Nadie se atrevía a meterse en este lugar, lleno de felicidad. No de tristeza, mágico y lleno de amor y literatura. Lo que siempre quise.
-Que gran libro -le hablaba otra vez a la silla vacía de mi lado, donde para mi se encontraba él, único ser capaz de robar mi corazón.
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