lunes, 6 de junio de 2011

Como ya he dicho en varias ocasiones, me siento atrapada por la soledad. Me busco y me encontró, ahora no sé como deshacerme de ella. La tengo pegada a mi, no hay manera de que me deje en paz. Es mi única compañía, ya que nadie más quiso quedarse a mi lado. Ahora la que se aferro a ella fui yo, como si fuera la única cosa importante que tengo y ahora soy yo la que no la quiere dejar ir. Me acostumbré a ella, a su presencia, al dolor que se siente tenerla todos los días. 
Pero hay una sola cosa, que podría hacer que todo eso cambiase, lo único que haría que mi alma vuelva a mi cuerpo y que mi cuerpo vuelva a moverse. Es muy fácil, solo una palabra que bastaría para curar mis heridas más profundas, esa que el tiempo quiso dejar en mi. Él; si solo él lograría cambiar las cosas. 
Su voz, su sonrisa, su aroma, sus caricias y abrazos. Sus besos, sus palabras de aliento, su esencia. Necesito sentir que esta ahí, a mi lado. 
Necesito hablarle y decirle lo mucho que lo extraño y lo quiero, debo y quiero ir a sus brazos en busca de auxilio. No importan las barreras que nos separen, no importa las paredes que he puesto en medio, quiero tirarlas abajo y volver a ver tus ojos, esos que muchas veces me han servido de guía. 
Nunca creí poder encontrar el amor en alguien tan diferente a mi, en gustos, ideas y más. Nunca pensé poder enamorarme, nunca me creí digna para ese sentimiento, siempre creí que jamás el amor llegaría a mi vida. Y llegó, de manera inesperada, llegó para cambiarme, para hacerme ver otro tipo de realidad. Para elegir, entre ese amor profundo que siento, o la amistad de años.
Elegí el camino correcto la amistad, pensando en la soledad, pensando en que no quería quedarme sin ella, pensando en que no haría bien traicionando así a alguien. Pero no funciono, deje todo y así quede. Sin amor, sin amistad, sin nada. 
Sola, en la vida, sola. 



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